Finalmente llegamos a la evaluación. La evaluación, constante que
determina y retroalimenta el proceso de aprendizaje y de enseñanza, y genera
una perspectiva resolutiva en todos los integrantes del proceso evaluativo, es
fundamental en el trabajo por proyectos didácticos. En los proyectos podemos
distinguir dos métodos de evaluación: evaluación formativa y evaluación final.
La primera es constante y paso con paso genera cierta retroalimentación que permite
mejorar lo que tenga que ser mejorado. Además, considera distintos aspectos
tanto cualitativos como cuantitativos. La segunda es más “objetiva”, pero en el
trabajo por proyectos se centra en la evaluación y retroalimentación del
producto final, del producto tangible. Ambos métodos evaluadores deben ser
complementarios uno del otro, pues ambos, a la par, generan una constante
retroalimentación del proceso educativo. Es complicado evaluar elementos no
cuantitativos, como las actitudes o los sentimientos, sin embargo existen
herramientas y métodos para evaluar dichos elementos. Por ejemplo, están la
lista de cotejo, la escala de apreciación y también una rúbrica. Y es esta
última el elemento predilecto para nuestro proyecto pues puede establecer
parámetros para medir el desempeño en clase.
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