Benemérita escuela Normal
Veracruzana “Enrique C. Rébsamen”
Licenciatura en Educación Secundaria
con especialidad en Telesecundaria
2do grado Grupo “A”
Ensayo: La alfabetización en
la escuela secundaria: actores y acciones.
Mtra. María Teresa López Contreras
Equipo:
Alejandra Santés
Sánchez-Vargas
Sandra Jared Hernández
Sandoval
Yesenia López García
Alfonso Jesús Romero
Rodríguez
La
alfabetización en la escuela secundaria: actores y acciones.
Introducción:
La
educación en México está en peligro. Los distintos sectores políticos,
independiente de la corriente ideológica que digan profesar, suelen usar la
demagogia para ocultar su realidad. La realidad de no intentar solucionar los
grandes problemas de fondo que acosan al país desde distintos puntos estratégicos
(economía, religión, por ejemplo). La educación es uno de los más frágiles e
importantes pilares que sostienen al país, pero el constante ataque a la misma
la han hecho cada vez más frágil, más insostenible.
Esto
se ve reflejado en la alfabetización general de las personas y en sus formas de
manejarse en sus distintos entornos sociales. Al respecto, uno de los más
grandes problemas con los que nos encontramos en nuestra primera jornada de
práctica docente fue la de encontrar alumnos con un escaso vocabulario, una
débil comprensión lectora y una preocupante y disminuida cultura general. Estos
alumnos –responsables o no- de estas deficiencias, se encuentran también
carentes de herramientas suficientes para expresarse correctamente de forma
oral o escrita.
Una
cosa es segura: el acto de alfabetizar no corresponde únicamente al maestro,
sino también a otros agentes socializadores. A saber: la familia, la escuela y
la sociedad en general construyen y determinan todas las posibilidades que
tenga cada alumno para alfabetizarse plenamente.
La
escuela, por ejemplo, se encarga de reforzar, consolidar y mejorar los
conocimientos adquiridos en casa, para poder entonces generar más aprendizaje
en los alumnos. Sin embargo, la herramienta clave para la alfabetización es la
lectura. La lectura como acción y propósito del saber.
Por
otro lado, una de los aprendizajes que construimos en la jornada de práctica y
que contrastaremos con algunos autores en este ensayo, es el de que el maestro,
en su labor de involucrar a los alumnos a leer y a escribir adecuadamente, debe
saber generar el interés, clave para el aprendizaje, con lecturas acordes al
nivel cognitivo de sus alumnos.
Una
reflexión de estos elementos, la jornada de práctica, la situación social
actual, y la bibliografía de este curso convergen en este ensayo que se enfoca
en los agentes socializadores y su papel en la alfabetización plena de los
alumnos de secundaria.
Como
lo hemos planteado en la introducción,el acto de alfabetización no es labor
única asignada al maestro ni a la escuela. Suele pensarse que si las
instituciones tuvieran reformas educativas en donde se demanden mayores niveles
de calidad y tasas más elevadas de eficiencia terminal en educación, la
calidad, en general, aumentaría considerablemente. Sin embargo, esto no genera
una sociedad más alfabetizada, más dueña de sus propias decisiones.
Así
pues, otros actores se manifiestan en el desarrollo de los alumnos desde antes
de que incluso entren a la escuela, la educación formal.
“Los
niños solo aprenden eficazmente a leer y escribir si son admitidos a una
comunidad de usuarios de la lengua escrita, a la que llamaremos ‘el Club de los
alfabetizados’, al cual ingresan antes de poder leer y escribir una sola
palabra por su cuenta” (Smith, 1994) supuesto, es dominio total en los primeros
años de los padres del futuro alumno. En este club, las personas aprenden a
hablar escuchando a los padres, a los vecinos, a toda persona que se relaciona
con ella. En este primer instante podemos ya descartar el supuesto planteado
anteriormente (el de la responsabilidad absoluta de la escuela como agente
alfabetizador último y único).
Ante
todo, esto supone un desafío implícito para las instancias educativas: no todos
los niños llegan con el mismo bagaje cultural. No todos tienen el mismo
andamiaje cognitivo, ni mucho menos el mismo acceso al mundo del lenguaje
escrito. Ya hablábamos al inicio de este ensayo de la campaña sistemática de
algunos sectores políticos por impedir el desarrollo cultural de los habitantes
de su país. A pesar de todo, “gran parte de los niños saben mucho acerca de lo
que es leer y escribir antes de ingresar a la escuela e independientemente de
lo que se enseñe en ella.” (Goelman, Oberg y Smith, 1984).
Los
niños necesitan ayuda constante de colaboradores involuntarios (o voluntarios)
que pueden ser sus padres o las personas que los rodean “La relación frecuente
con tales actividades en la familia o en otros escenarios extraescolares
probablemente ayude a los niños a desarrollar un patrón generalizado para
interactuar con textos y adquirir la confianza suficiente como para usar textos
orientadores de actividades prácticas por su propia cuenta” (Resnick 1997).
El número de esos colaboradores involuntarios
va aumentando en la medida que el círculo social de cada niño va creciendo
también. Llega un punto en el que en este círculo están incluso escritores de
épocas pasadas, cuya literatura ha acrecentado el desarrollo alfabetizado de
los niños. En la medida en que pasa el
tiempo y los colaboradores involuntarios crecen más y más, el niño –o adulto
ya-, construye por sí mismo su propio saber. Investiga, reflexiona y genera por
su propia cuenta. Vygotsky (1978) sostuvo que todos los niños pueden hacer con
ayuda un día, al día siguiente pueden hacerlo solos.
Así
pues, recalcamos la importancia vital que tiene para los niños tener a su
alcance, desde el nacimiento –o incluso antes- un ambiente cultural amplio.
Padres alfabetizados, familia alfabetizada, libros en demasía…
Si
contamos con todo esto, y tenemos un alumno que forme parte del club de los
alfabetizados, notaremos que existen ciertos beneficios, entre ellos, el gran
ritmo de aprendizaje del alumno; ya que su vocabulario crece a un promedio
superior a las 20 palabras diarias (Miller, 1977).
Hemos
llegado a la conclusión de que no sólo se requiere la intervención de la
escuela para que los alumnos sean personas alfabetizadas, se necesita
forzosamente que las familias se involucren y preocupen por el proceso de
lectura y escritura de sus hijos, sin la necesidad de presionarlos, segregarlos
o evaluarlos por cada error que cometan; en cambio, deben generar la confianza
que suele dar el hogar dando por supuesto que hablarán y escribirán como o
mejor que ellos en cualquier situación que corresponda.
En
la mayoría de las discusiones sobre la crisis del alfabetismo, se asume que es
una habilidad adquirida que caracteriza
a los individuos, es decir, las personas poseen o no estas habilidades.
“Se
piensa que los individuos llevan las habilidades de lectoescritura en la
cabeza. No se considera que la situación en la que se lleva a cabo el proceso
de lectoescritura afecte la naturaleza del mismo” (Resnick, 1997).
Se
requiere un cambio de perspectiva acerca del mismo, concebirlo en cambio como
un conjunto de prácticas culturales en donde se conciba al alfabetismo como un
proceso de socialización, donde las personas aprenden una vez que están
inmersos en una comunidad de hablantes o escritores. En la práctica, esto
implica evaluar y sistematizar el trabajo a partir de los planes y programas de
estudio en cuanto al enfoque que planteen. Además, las prácticas culturales,
asumidas como prácticas sociales de desarrollo humano.
Según
(Resnick 1997) “El mejor modelo es el aprendizado, que es la práctica tutoreada
de tareas directas de producción, con grados decrecientes de apoyo de los
maestros o compañeros avanzados”. El aprendizado también se puede dar en las
familias a través de las prácticas más “triviales”, como son el leer y
compartir cuentos, leer periódicos, en síntesis, transmitir una cotidianeidad
de la lectura. Sin embargo, en tiempos y espacios sociales actuales y comunes,
esto no suele ocurrir. La sublimidad de los mensajes en las calles no va más
allá de la transmisión de un mensaje, y no se comparte una cultura del lenguaje
complejo.
A
través de los años, se han clasificado –sin que esto signifique que se ha
tenido éxito al transmitirlos- distintos tipos de alfabetismo. El alfabetismo
recreativo, entendido como el que tiene un significado personal para cada
persona, se manifiesta en la recreación y búsqueda de la plenitud a través del
lenguaje escrito, oral, escrito. Con novelas, cuentos y demás, éste puede
representar la libertad del hombre, su escape de la vorágine cotidiana de
difíciles situaciones reales.
“Es un tipo de práctica de alfabetismo en la
cual la lectura es un fin en sí mismo. Involucrarse con el texto es el primer
requisito para el alfabetismo recreativo” (Resnick, 1997).
La
comunicación es un fin de la alfabetización. El alfabetismo informativo retoma
la esencia comunicativa de la lengua y se utiliza y fundamenta para transmitir
información de una forma compleja.
Resnick
(1997), lo maneja como el alfabetismo para aprender acerca del mundo; la única
actividad inmediata después de leer es la discusión con otros y relacionar la
nueva información con conocimientos previamente adquiridos. Este tipo de
alfabetización hace que la lectura sea motivada por el querer saber de lo que
habla la gente y así poder convivir.
Por
último, el alfabetismo útil es entendido como aquél que realizamos para lograr,
en general, un objetivo específico. Lo utilizamos por necesidad, por
satisfacción, por cumplimiento, por laboriosidad, trabajo y realización
personal, con el fin de hacer algo práctico, útilpara el mundo: leer recetas,
instructivos, escribir cartas, llenar solicitudes de empleo, etc.
“Entre
las personas alfabetizadas las diferencias no estriban en la posibilidad de
leer, escribir, hablar y escuchar (Garton y Pratt, 1991)” Sino más bien en la posibilidad
de hacerlo de manera competente. Las personas que han tenido un buen proceso de
alfabetización suelen ser personas que no solo saben expresarse de manera
correcta, sino que además lo hacen con fines éticos y significativos para la
sociedad en donde se desarrolla.
Finalmente,
reconocemos que la teoría del lenguaje es amplia, compleja y significativamente
útil para establecer estrategias con el fin de desarrollar el alfabetismo como
centro del desarrollo escrito y hablado. Sin embargo, es cierto que no parecen
disminuir la cantidad de analfabetas en el país y en el mundo, es más, parece
que aumentan. O, por otro lado, el nivel de alfabetismo de las personas
letradas es mínimo o poco funcional. No hay más empeño, o no parece haber más
empeño de las instituciones para formas de manera crítica y plena las cuatro
habilidades (leer, escribir, hablar y escuchar) para ser seres alfabetos. El
despojo económico e ideológico a la educación como ente de desarrollo social va
cada vez destruyendo el perfil social de las personas.
Sin
embargo, es también cierto que el empeño por corregir este gran problema no
cesa. “La tarea del profesorado es insustituible. Consistirá en la
planificación, la modificación de programas y aceptación de formas menos
convencionales de lo que se suele esperar” (Solé, 2000)
Conclusión
Asumiéndonos
finalmente como docentes responsables del futuro ideológico del país,
reconocemos nuestra relevancia dentro del proceso del cambio. De facilitar y
trabajar, utilizando distintas estrategias y herramientas (distintos textos,
por ejemplo) para lograr alfabetizar a nuestros alumnos. Consolidarlos como
seres plenos. Consolidar el futuro del país a pesar el atropello constante que
un sector de adinerados poderosos constantemente efectúan en contra del
lugar donde crecieron.
Bibliografía
Ferreiro, Emilia (2000); Leer y escribir en un mundo cambiante
en La expresión oral y escrita en el proceso de enseñanza y aprendizaje. Ediciones
Novedades Educativas, Buenos Aires, pp 4-7. Pg.33-41Centro de Investigación y
Estudios Avanzados. México.
Resnick (1997). El
alfabetismo dentro y fuera de la escuela. México: SEP
Smith, S (1994). El club
de los que leen y escriben. De cómo la educación apostó al caballo equivocado.
Buenos Aires. Aisque, p.p 11-229
Solé, Isabel (2000),”Aprender a usar la
lengua: implicaciones para la enseñanza”, en SEP, Introducción a la enseñanza
de: español. Programa y materiales de apoyo para el estudio. Licenciatura en
Educación Secundaria, 2° semestre. México, pp.25-35.
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