martes, 21 de enero de 2014

Benemérita escuela Normal Veracruzana “Enrique C. Rébsamen”

Licenciatura en Educación Secundaria con especialidad en Telesecundaria

2do grado Grupo “A”

Ensayo: La alfabetización en la escuela secundaria: actores y acciones.

Mtra. María Teresa López Contreras

Equipo:
Alejandra Santés Sánchez-Vargas
Sandra Jared Hernández Sandoval
Yesenia López García
Alfonso Jesús Romero Rodríguez




La alfabetización en la escuela secundaria: actores y acciones.


Introducción:
La educación en México está en peligro. Los distintos sectores políticos, independiente de la corriente ideológica que digan profesar, suelen usar la demagogia para ocultar su realidad. La realidad de no intentar solucionar los grandes problemas de fondo que acosan al país desde distintos puntos estratégicos (economía, religión, por ejemplo). La educación es uno de los más frágiles e importantes pilares que sostienen al país, pero el constante ataque a la misma la han hecho cada vez más frágil, más insostenible.
Esto se ve reflejado en la alfabetización general de las personas y en sus formas de manejarse en sus distintos entornos sociales. Al respecto, uno de los más grandes problemas con los que nos encontramos en nuestra primera jornada de práctica docente fue la de encontrar alumnos con un escaso vocabulario, una débil comprensión lectora y una preocupante y disminuida cultura general. Estos alumnos –responsables o no- de estas deficiencias, se encuentran también carentes de herramientas suficientes para expresarse correctamente de forma oral o escrita.
Una cosa es segura: el acto de alfabetizar no corresponde únicamente al maestro, sino también a otros agentes socializadores. A saber: la familia, la escuela y la sociedad en general construyen y determinan todas las posibilidades que tenga cada alumno para alfabetizarse plenamente.
La escuela, por ejemplo, se encarga de reforzar, consolidar y mejorar los conocimientos adquiridos en casa, para poder entonces generar más aprendizaje en los alumnos. Sin embargo, la herramienta clave para la alfabetización es la lectura. La lectura como acción y propósito del saber.
Por otro lado, una de los aprendizajes que construimos en la jornada de práctica y que contrastaremos con algunos autores en este ensayo, es el de que el maestro, en su labor de involucrar a los alumnos a leer y a escribir adecuadamente, debe saber generar el interés, clave para el aprendizaje, con lecturas acordes al nivel cognitivo de sus alumnos.
Una reflexión de estos elementos, la jornada de práctica, la situación social actual, y la bibliografía de este curso convergen en este ensayo que se enfoca en los agentes socializadores y su papel en la alfabetización plena de los alumnos de secundaria.






Como lo hemos planteado en la introducción,el acto de alfabetización no es labor única asignada al maestro ni a la escuela. Suele pensarse que si las instituciones tuvieran reformas educativas en donde se demanden mayores niveles de calidad y tasas más elevadas de eficiencia terminal en educación, la calidad, en general, aumentaría considerablemente. Sin embargo, esto no genera una sociedad más alfabetizada, más dueña de sus propias decisiones.
Así pues, otros actores se manifiestan en el desarrollo de los alumnos desde antes de que incluso entren a la escuela, la educación formal.
“Los niños solo aprenden eficazmente a leer y escribir si son admitidos a una comunidad de usuarios de la lengua escrita, a la que llamaremos ‘el Club de los alfabetizados’, al cual ingresan antes de poder leer y escribir una sola palabra por su cuenta” (Smith, 1994) supuesto, es dominio total en los primeros años de los padres del futuro alumno. En este club, las personas aprenden a hablar escuchando a los padres, a los vecinos, a toda persona que se relaciona con ella. En este primer instante podemos ya descartar el supuesto planteado anteriormente (el de la responsabilidad absoluta de la escuela como agente alfabetizador último y único).

Ante todo, esto supone un desafío implícito para las instancias educativas: no todos los niños llegan con el mismo bagaje cultural. No todos tienen el mismo andamiaje cognitivo, ni mucho menos el mismo acceso al mundo del lenguaje escrito. Ya hablábamos al inicio de este ensayo de la campaña sistemática de algunos sectores políticos por impedir el desarrollo cultural de los habitantes de su país. A pesar de todo, “gran parte de los niños saben mucho acerca de lo que es leer y escribir antes de ingresar a la escuela e independientemente de lo que se enseñe en ella.” (Goelman, Oberg y Smith, 1984).

Los niños necesitan ayuda constante de colaboradores involuntarios (o voluntarios) que pueden ser sus padres o las personas que los rodean “La relación frecuente con tales actividades en la familia o en otros escenarios extraescolares probablemente ayude a los niños a desarrollar un patrón generalizado para interactuar con textos y adquirir la confianza suficiente como para usar textos orientadores de actividades prácticas por su propia cuenta” (Resnick 1997).

 El número de esos colaboradores involuntarios va aumentando en la medida que el círculo social de cada niño va creciendo también. Llega un punto en el que en este círculo están incluso escritores de épocas pasadas, cuya literatura ha acrecentado el desarrollo alfabetizado de los niños.  En la medida en que pasa el tiempo y los colaboradores involuntarios crecen más y más, el niño –o adulto ya-, construye por sí mismo su propio saber. Investiga, reflexiona y genera por su propia cuenta. Vygotsky (1978) sostuvo que todos los niños pueden hacer con ayuda un día, al día siguiente pueden hacerlo solos.
Así pues, recalcamos la importancia vital que tiene para los niños tener a su alcance, desde el nacimiento –o incluso antes- un ambiente cultural amplio. Padres alfabetizados, familia alfabetizada, libros en demasía…
Si contamos con todo esto, y tenemos un alumno que forme parte del club de los alfabetizados, notaremos que existen ciertos beneficios, entre ellos, el gran ritmo de aprendizaje del alumno; ya que su vocabulario crece a un promedio superior a las 20 palabras diarias (Miller, 1977).

Hemos llegado a la conclusión de que no sólo se requiere la intervención de la escuela para que los alumnos sean personas alfabetizadas, se necesita forzosamente que las familias se involucren y preocupen por el proceso de lectura y escritura de sus hijos, sin la necesidad de presionarlos, segregarlos o evaluarlos por cada error que cometan; en cambio, deben generar la confianza que suele dar el hogar dando por supuesto que hablarán y escribirán como o mejor que ellos en cualquier situación que corresponda.

En la mayoría de las discusiones sobre la crisis del alfabetismo, se asume que es una habilidad adquirida que caracteriza  a los individuos, es decir, las personas poseen o no estas habilidades.
“Se piensa que los individuos llevan las habilidades de lectoescritura en la cabeza. No se considera que la situación en la que se lleva a cabo el proceso de lectoescritura afecte la naturaleza del mismo” (Resnick, 1997).

Se requiere un cambio de perspectiva acerca del mismo, concebirlo en cambio como un conjunto de prácticas culturales en donde se conciba al alfabetismo como un proceso de socialización, donde las personas aprenden una vez que están inmersos en una comunidad de hablantes o escritores. En la práctica, esto implica evaluar y sistematizar el trabajo a partir de los planes y programas de estudio en cuanto al enfoque que planteen. Además, las prácticas culturales, asumidas como prácticas sociales de desarrollo humano.

Según (Resnick 1997) “El mejor modelo es el aprendizado, que es la práctica tutoreada de tareas directas de producción, con grados decrecientes de apoyo de los maestros o compañeros avanzados”. El aprendizado también se puede dar en las familias a través de las prácticas más “triviales”, como son el leer y compartir cuentos, leer periódicos, en síntesis, transmitir una cotidianeidad de la lectura. Sin embargo, en tiempos y espacios sociales actuales y comunes, esto no suele ocurrir. La sublimidad de los mensajes en las calles no va más allá de la transmisión de un mensaje, y no se comparte una cultura del lenguaje complejo.

A través de los años, se han clasificado –sin que esto signifique que se ha tenido éxito al transmitirlos- distintos tipos de alfabetismo. El alfabetismo recreativo, entendido como el que tiene un significado personal para cada persona, se manifiesta en la recreación y búsqueda de la plenitud a través del lenguaje escrito, oral, escrito. Con novelas, cuentos y demás, éste puede representar la libertad del hombre, su escape de la vorágine cotidiana de difíciles situaciones reales.

 “Es un tipo de práctica de alfabetismo en la cual la lectura es un fin en sí mismo. Involucrarse con el texto es el primer requisito para el alfabetismo recreativo” (Resnick, 1997).
La comunicación es un fin de la alfabetización. El alfabetismo informativo retoma la esencia comunicativa de la lengua y se utiliza y fundamenta para transmitir información de una forma compleja.

Resnick (1997), lo maneja como el alfabetismo para aprender acerca del mundo; la única actividad inmediata después de leer es la discusión con otros y relacionar la nueva información con conocimientos previamente adquiridos. Este tipo de alfabetización hace que la lectura sea motivada por el querer saber de lo que habla la gente y así poder convivir.
Por último, el alfabetismo útil es entendido como aquél que realizamos para lograr, en general, un objetivo específico. Lo utilizamos por necesidad, por satisfacción, por cumplimiento, por laboriosidad, trabajo y realización personal, con el fin de hacer algo práctico, útilpara el mundo: leer recetas, instructivos, escribir cartas, llenar solicitudes de empleo, etc.
“Entre las personas alfabetizadas las diferencias no estriban en la posibilidad de leer, escribir, hablar y escuchar (Garton y Pratt, 1991)” Sino más bien en la posibilidad de hacerlo de manera competente. Las personas que han tenido un buen proceso de alfabetización suelen ser personas que no solo saben expresarse de manera correcta, sino que además lo hacen con fines éticos y significativos para la sociedad en donde se desarrolla.
Finalmente, reconocemos que la teoría del lenguaje es amplia, compleja y significativamente útil para establecer estrategias con el fin de desarrollar el alfabetismo como centro del desarrollo escrito y hablado. Sin embargo, es cierto que no parecen disminuir la cantidad de analfabetas en el país y en el mundo, es más, parece que aumentan. O, por otro lado, el nivel de alfabetismo de las personas letradas es mínimo o poco funcional. No hay más empeño, o no parece haber más empeño de las instituciones para formas de manera crítica y plena las cuatro habilidades (leer, escribir, hablar y escuchar) para ser seres alfabetos. El despojo económico e ideológico a la educación como ente de desarrollo social va cada vez destruyendo el perfil social de las personas.

Sin embargo, es también cierto que el empeño por corregir este gran problema no cesa. “La tarea del profesorado es insustituible. Consistirá en la planificación, la modificación de programas y aceptación de formas menos convencionales de lo que se suele esperar” (Solé, 2000)

Conclusión
Asumiéndonos finalmente como docentes responsables del futuro ideológico del país, reconocemos nuestra relevancia dentro del proceso del cambio. De facilitar y trabajar, utilizando distintas estrategias y herramientas (distintos textos, por ejemplo) para lograr alfabetizar a nuestros alumnos. Consolidarlos como seres plenos. Consolidar el futuro del país a pesar el atropello constante que un sector de adinerados poderosos constantemente efectúan en contra del lugar  donde crecieron.








Bibliografía
Ferreiro, Emilia (2000); Leer y escribir en un mundo cambiante en La expresión oral y escrita en el proceso de enseñanza y aprendizaje. Ediciones Novedades Educativas, Buenos Aires, pp 4-7. Pg.33-41Centro de Investigación y Estudios Avanzados. México.
Resnick (1997). El alfabetismo dentro y fuera de la escuela. México: SEP
Smith, S (1994). El club de los que leen y escriben. De cómo la educación apostó al caballo equivocado. Buenos Aires. Aisque, p.p 11-229
 Solé, Isabel (2000),”Aprender a usar la lengua: implicaciones para la enseñanza”, en SEP, Introducción a la enseñanza de: español. Programa y materiales de apoyo para el estudio. Licenciatura en Educación Secundaria, 2° semestre. México, pp.25-35.


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